sábado, 2 de abril de 2011

EPISODIOI III "AGAMENÓN"

  EPISODIO III “AGAMENÓN”

CORO

¡Oh rey! ¡Oh destructor de Troya! ¡Oh hijo de Atreo!
¿Cuál será mi saludo? ¿Cómo honrarte,
Sin que al justo homenaje en nada exceda,
Sin que al debido honor en nada falte?
Desdeñando lo justo, muchos hombres
más lo aparente que lo real estiman.
Prontos  siempre a llorar con el que sufre
jamás empero al corazón les llega
el dardo del dolor.  Falso contento
con los dichosos fingen, y a la risa
violentan el semblante.  Mas no engañan
al buen pastor que su redil conoce
aquellos ojos que bondad mintiendo
con amistad espuria lisonjean.
En cuanto a mí, cuando de aquí por causa
de una mujer llevaste a los argivos,
censuré tu imprudencia, no lo niego.
Ni el timón de tu mente bien registe,
cuando de tus guerreros  moribundos,
con cruento sacrificio
reanimaste el valor.
                      Gracias al cielo,
ya todo terminó; y a los amigos
que su labor desempeñar supieron
de corazón y con amor saludo.
-Sabrás más tarde, si saberlo quieres
quiénes las leyes de Argos han violado
quiénes conforme a la equidad vivieron.

AGAMENÓN (desde su carro)

¡Para vosotros mi primer saludo,
oh Argos, mi ciudad, oh patrios dioses,
que mi vuelta y de Ilión la justa pena
quisisteis amparar!
Enmudecieron
acusador y reo, y la justicia
dictó su fallo.  En la cruenta urna
sin que ninguno discrepase, todos
voto de muerte contra Ilión echaros.
A la otra, tan sólo la esperanza
llevó su mano ¡y la encontró vacía!
Aún muestran los humos del incendio
do la ciudad se alzó.  Allí de Ates
no duerme aun la tempestad; y en densos
vapores las cenizas moribundas
al cielo lanzan los postreros restos
de un antiguo esplendor.
Por tales dones
demos  gracias a Zeus, y sus mercedes
no olvidemos jamás.  Aprisionados
en red de muerte, los troyanos fueron;
y por una mujer, el monstruo argivo
a Ilión redujo a polvo.  De un caballo
salió la armada gente, y en la hora
que a su ocaso las Pléyades se inclinan
con fiero salto a la ciudad se lanza.
El hambriento león salva las torres,
y sangre real hasta saciarse bebe.

Lo dicho,  para el cielo. –Tus razones
frescas aún en mi memoria viven;
contigo pienso y tu discurso aplaudo.
Si; que la dicha del amigo pocos
muy pocos, sin envidia la celebran.
Es de negra ponzoña inficionado
el corazón que de ese mal padece,
y doble sufrimiento le devora:
le abruma el peso de sus propios males,
al ver la ajena bienandanza gime.
Harto bien que lo sé, pues muchas veces
vana semblanza vi, sombra de sombras
en la humana amistad.  Tan sólo Ulises,
con ser que se embarcó mal de su grado,
conmigo marchó siempre uncido al yugo;
ya viva, ya esté muerto, lo declaro.
Cuanto a la patria y a los dioses mira
en pública asamblea trataremos.
Que lo bueno se afirme y perpetúe
cuidaremos allí.  Si algo nocivo
remedio pronto y eficaz reclama,
fuerza es que al hierro o la llama ceda
el contagioso mal.
 Al techo amado,
al dulce hogar entremos: y a los dioses
que mi partida y vuelta protegieron,
mi diestra elevaré.  Fiel y constante
siguió siempre mis pasos la victoria
¡constante y fiel en adelante sea!

                                             (sale Clitemnestra)

CLITEMNESTRA

Ciudadanos de Argos venerables,
mi conyugal amor ante vosotros
sin rubor mostraré; que con el tiempo
la cortedad del ánimo se pierde.
De mi misma aprendí, no de otro alguno,
la triste vida que narraros quiero,
larga, en verdad, cual los eternos años
que éste en Ilión pasó.
¿Habrá, decidme,
infortunio mayor para una esposa
que vivr sola, en el hogar desierto,
lejos de su marido, y de continuo
por siniestros rumores angustiada?
¡Si un mensajero de desdichas llega,
otro no tarda en anunciar mayores!
A ser tantas de este hombre las heridas
cuantas la fama a mis oídos trajo,
más perforado que una red le viera.
Si tantas veces muerto hubiera sido,
cuantas aquí mintieron los rumores,
segundo Gerión de triple cuerpo
gloriarse pudiera de que en vida
tres túnicas vistió ( de la que todos
bajo tierra llevamos nada digo),
y que tres formas y tres muertes tuvo.
Por causa de esas  nuevas ¡cuántas veces
al cuello un nudo eché, que ajenas manos
vinieron a romper a pesar mío!
Y por eso también, tu hijo Orestes
de nuestra mutua fe prenda querida
ausentarse debió.  Mas, no te asombre,
pues Estrofio el focense, nuestro huésped,
educándolo está.- Doble desgracia
hízome ver Estrofio: tus peligros
en Troya, y el temor de que al Consejo
populares tumultos derribaran;
que es propia condición de los humanos
pisotear al caído.- Tales fueron,
sin sombra de falsía, mis razones.
Ya del llanto secáronse las fuentes;
no queda ni una lágrima en mis ojos.
¡Cuánto han sufrido en las insomnes noches
llorando por tu amor esas señales
aguardadas en vano!. Si dormía,
de un zumbador mosquito el ruido leve
con súbito terror me despertaba,
y amenazado entonces por mayores
males que los soñados te veía.
Mas, después de sufrir como he sufrido,
de cuitas libre ya, decirte puedo:
¡Eres el perro del redil, oh esposo,
el cable salvador de aquesta nave,
de esta noble mansión firme columna,
lo que el único hijo es para un padre,
tierra que al nauta inesperado luce,
después de la tormenta claro día,
de frescas aguas cristalinas fuente
para el sediento viajador!
                             ¡Cuán grato
es verte ya de esos azares libre!
Digno en verdad de aquellos nombres eres,
y nadie a mal los tome, que sobradas
congojas he sufrido.
                             De ese carro
desciende, dulce dueño; mas, no en tierra
poses ¡oh rey! las victoriosas plantas
que a Troya pisotearon.  ¡Ea!, siervas,
¿qué tardáis en cumplir lo que os incumbe,
y tender de tapices el sendero?
¡Cubra al punto la púrpura el camino;
y la mansión que verle no esperaba
acoja al rey cual la justicia pide!
Quede a mi celo vigilante el resto;
con el favor y amparo de los dioses
cumpliré los decretos del Destino.


AGAMENÓN

Hija de Leda, guarda de mi casa,
largo cual mi ausencia fue tu discurso.
Si alabanzas merezco, de otros labios
debieran proceder.  NO muellemente
como a mujer me trates; ni con gritos
discordes y serviles homenajes
a modo de rey bárbaro me acojas;
ni tendiendo de alfombras mi camino,
hacer mi entrada aborrecible quieras.
A los dioses reserva esos honores;
mas yo, mortal, sobre preciosas telas
jamás mis plantas sin temblar pondría
honores de hombre, no de numen quiero.
Para ser aclamado por la fama,
no he menester de púrpura ni alfombras,
y un corazón prudente es de los dioses
el mas precioso don.  Afortunado
sólo es aquel que en apacible dicha
su existencia consuma.  Sea siempre
cual ésta mi conducta, y nada temo.

CLITEMNESTRA

A mi justo querer no te resistas.

AGAMENÓN

No mi querer quebrantaré, por cierto.

CLITEMNESTRA

¿Por  temor a los dioses lo juraste?

AGAMENÓN

Bien sé al obrar así por qué lo hago.

CLITEMNESTRA

Príamo vencedor, ¿qué hubiera hecho?

AGAMENÓN

El purpúreo tapiza hollado habría.

CLITEMNESTRA

No  las censuras de los hombres temas.

AGAMENÓN

Temo del pueblo provocar las iras.
CLITEMNESTRA

Envidiable no es el no envidiado.

AGAMENÓN

Ni es propio de mujer buscar disputa.

CLITEMNESTRA

No deshonra ceder al victorioso.

AGAMENÓN

¿Vencer en esta lid en tanto estimas?

CLITEMNESTRA

¡Déjate, oh rey, vencer;  cede a mis ruegos!

AGAMENÓN

Cederé, pues  lo exiges. - ¡Ea!, siervas,
al punto desatad este  calzado,
esclavo de mis pies. ¡Con tal que un numen,
al ver que alfombras purpurinas huello,
no lance sobre mi desde el Olimpo
la ira de sus ojos! – Me avergüenza,
tan noble y valiosísimo tesoro
con mis plantas dañar. – Mas de esto basta.
Acoge con bondad a la extranjera.
Al señor que gobierna con dulzura
propicio mira Zeus, pues del esclavo
nadie lleva contento el duro yugo.
De entre muchos despojos escogida,
esta cautiva que conmigo viene
es la flor del botín, don de la armada.
-Pues con tus ruegos mi temor  venciste,
pisando sobre púrpuras entremos.

CLITEMNESTRA

El vasto mar -¿Quién agotarlo puede?-
la púrpura preciada
en abundante y siempre nueva copia,
para teñir estas alfombras cría.
Nuestra casa, ¡oh señor!, tales tesoros
gracias al cielo en abundancia guarda,
y lo que es indigencia nunca supo.
¡Qué de ricos tapices, dueño mío,
bajo mis plantas destrozar jurara,
si tal precio a tu vuelta  y a tu vida
la voz de algún oráculo pusiera!
Pues, mientras vive la raíz, retoña
el follaje, y del fuego del estío
su sombra el techo del hogar ampara.
Y vuelto tú al hogar, es tu presencia
rayo de sol que en el invierno abriga;
frescor que refrigera cuando Zeus
el vino cuece en las agraces uvas.
-Consuma, Zeus consumador, mis votos;
lo que has dispuesto en consumar no tardes!

         (Vanse Agamenón y Clitemnestra)




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